• FICHA ARTÍSTICA

    Josep Miquel Mindán, director musical

    Jaume Villanueva, puesta en escena

    Miquel Villalba, director del coro

    Orquestra de cambra Terrassa 48

    Quim Térmens, concertino

    Glòria Llevat i Roberth Aramburo, coreografía

    Òpera Popular de Barcelona, compañía estable:

    Laura Gibert, Pamina

    Adrià Mas, Tamino

    Joan G. Gomà, Papageno

    Imma Masramon, Papagena

    Alba Martínez Nieto, Reina de la noche

    Danil Sayfullin, Sarastro

    Jordi Casanova, Monostatos

    Alba Martínez Nieto, dama 1

    Kimiyo Nakako, dama 2

    Maria Jurado, dama 3

    Victorina Pérez, ángel 1

    Marie-Laure Butty, ángel 2

    Grissel Ruiz, ángel 3

    José Cabrero, guardián 1

    Lluís Vergés, guardián 2 / Sprecher 

    José Luís González, esclavo 1

    Germán Casetti, esclavo 2

    Coro y ballet de la Òpera Popular de Barcelona

    Con la colaboración de los alumnos y alumnas del Conservatorio Profesional de Danza del Instituto del Teatro de la Diputación de Barcelona

  • SINOPSIS

    El último milagro de Mozart


    Esta Flauta Mágica quiere ser un humilde homenaje a todas las compañías líricas que recorrieron los caminos del mundo, con amor. Barcelona, octubre de 1960, Palau de la Música, tres cuartos de cuatro de la tarde. Los artistas de La Catalana, -humilde compañía de repertorio lírico La Catalana-, llevan horas esperando con excitado nerviosismo la llegada de Néstor Ortiz, el jovencísimo tenor que hace de Tamino. El cónsul de Austria y los miembros del jurado esperan en la platea impacientes porque deben seleccionar una compañía extranjera para representar La Flauta Mágica en el Festival de Salzburgo —como una excentricidad, obviamente—. La situación, ya bastante crítica, se agrava por momentos. Laureano Foróncoll, hijo natural de la propietaria de la compañía —soprano de coloratura amargada que hace de reina de la noche— se ofrece como solución. Condenado habitualmente al papel de Monostatos, —como mal menor dada su notoria incapacidad para el canto— el astuto Laureano quiere aprovechar la ausencia del tenor para intentar prosperar. Desesperados los cantantes se estiran los cabellos, pero ya el "maestro" se apresura a atacar el primer compás, resignado. ¡El espectáculo debe continuar! Sin embargo... cuando Laureano tiene que lanzarse a cantar... ante la sorpresa general... al fondo de la sala se oye una voz maravillosa, como la de un serafín más bello del cielo... "Zu Hilfe! Zu Hilfe! Sonst bin ich verloren..." Es Néstor, que, al final, gracias a Mozart ha podido coger el primer tren... ¿Está todo salvado? ¡No! Un regidor pedante y mediocre —el mismo que equivocó a Néstor de tren, para que no llegara a tiempo— ha tendido toda clase de trampas para que la función salga mal, pero... Mozart volverá a bajar del cielo para defender la bondad: esta es la lección simple de La Flauta Mágica: el bien siempre triunfa sobre el mal.


    No os perdáis el último milagro de Mozart: Opera Popular de Barcelona. En el Palau de la Música.

  • NOTA DEL DIRECTOR ESCÉNICO

    Mozart, elogio de la bondad


    Mozart, como el arte auténtico, no necesita ser comprendido para llegar a nuestra alma. Sublime por la belleza de la bondad —materia inefable de los sueños, desde la nota más nimia— la humilde grandeza de Mozart se manifiesta provocándonos la abstracción absoluta, el olvido: el embellecimiento de Schopenhauer, fundamento transcendental implícito de la belleza.


    La trascendencia es una virtud. La virtud es la disposición que tiene un ser para obrar de forma ideal en la vida. Y, si un ser humano ha gozado de esta prerrogativa en el largo, arduo y tortuoso discurso de la historia —que es prerrogativa humana— ese ser ha sido W. A. Mozart.


    Explicar a Mozart es una aventura arriesgada. Mozart es una sensación como el amor, como la ternura de ese mejor amigo o amiga que hemos soñado y que muchos afortunados tenemos. Yo no entendería la humanidad sin él. Para describir el inefable sentimiento de plenitud que me provoca, tendría que recurrir al refugio de la Sonata en Do mayor (KV330/1), donde Mozart era un niño como yo, un amigo bellísimo y juguetón que salía feliz de la partitura, me tomaba de la mano y me llevaba, bailando, con él. Quizás una de las funciones de la música sea hacer sentir, cuando no llegan las palabras.


    La aproximación de Mozart al pueblo, a la comprensión de sus necesidades, la contribución de su obra en la difusión de la cultura, de la ilustración, de la crítica social y de la libertad, desbarata completamente las caricaturas tópicas y falsarias que le imputan una imagen frívola, intrascendente y trivial. La obra y la vida de Mozart contribuyen, mágicamente, al progreso de la humanidad. La magia es una constante en Mozart y en su vida, como es parte fundamental del bien y de la virtud. En la confrontación entre el bien y el mal que da vida a La flauta mágica, se comprende que el bien no existe, que el mal es el estado natural, que el bien es únicamente la ausencia absoluta del mal.


    Comprensible esta realidad, les invitamos a compartir un propósito emprendido con la humildad que demanda la bondad. Hemos depositado toda la entrega de que somos capaces. Detrás de cada gesto, de cada nota, del más imperceptible movimiento, hay horas y más horas de constancia, de rigor, de exigencia, de soledad, de sacrificio, de trabajo. También días de una gran alegría y de bondad; no somos mercenarios, la música nos ha hecho hermanos. No hay nada fácil aquí, no nos han regalado nada. Estamos aquí porque la bondad ha podido vencer la mezquindad y las ambiciones de algunos pobres seres humanos. La magia de esta Flauta es producto de un gravísimo esfuerzo donde todos nosotros hemos depositado el corazón, porque nos va la vida. Y, porque nos sentimos orgullosos de haber dedicado tanta vida a conseguir este momento, queremos compartirlo todo, humildemente, con ustedes.


    Jaume Villanueva

    Director escénico

  • ARGUMENTO

    Fomentando el propósito de superación, ponderación y modestia que magnifica el libreto, la metáfora escénica quiere establecer una analogía entre las trampas que debe salvar el joven tenor Nèstor Ortiz para abrirse camino en el proceloso universo que rodea a la ópera, y las pruebas que supera a Tamino en la acción original.

  • RESUMEN DEL ARGUMENTO ORIGINAL

    Una serpiente gigante persigue al príncipe Tamino, quien se desmaya de miedo. Mientras el joven está inconsciente, tres damas al servicio de la Reina de la Noche matan a la serpiente y luego se apresuran a informar a su señora sobre la llegada de Tamino al reino de Sarastro.


    El cazador de pájaros Papageno llega al lugar y asegura que él mató a la serpiente. Al regresar, las damas muestran a Tamino un retrato de Pamina, la hija del malvado hechicero Sarastro, quien ha sido capturada. Tamino se enamora a primera vista. La reina encomienda a Tamino la misión de rescatar a Pamina. El príncipe recibe una flauta mágica y Papageno unas campanillas encantadas. Tres ángeles guiarán al dúo en su valerosa empresa.


    Una vez en el templo de Sarastro, Tamino pronto descubre que quien actúa con malicia es la reina, no Sarastro. Sarastro promete liberar a Pamina si Tamino supera una serie de pruebas. Junto con Papageno, el príncipe se somete a las pruebas. Mientras tanto, la Reina de la Noche irrumpe en el templo, entrega un puñal a Pamina e insiste en que la joven mate a Sarastro.


    Poco después, Papageno pierde la concentración en la primera prueba, una anciana se le acerca y coquetea con él. Aunque preferiría una unión que le convenza, Papageno jura ser fiel. En ese momento, la anciana se transforma en la bellísima Papagena, que desaparece al instante.


    Tamino continúa las pruebas junto a Pamina. Juntos, con la mágica ayuda de La flauta mágica, los dos jóvenes logran superar las pruebas del fuego y el agua.


    La justicia hace triunfar la luz sobre la oscuridad y, finalmente, la Reina de la Noche y sus servidores son derrotados. Tamino, Pamina, Papageno, Papagena, Sarastro y toda la gente de buena voluntad celebran juntos el triunfo de la virtud sobre la maldad.

  • MOZART, ELOGIO DE LA BONDAD

    Mozart, elogio de la bondad


    Mozart, como el arte auténtico, no necesita ser comprendido para llegar a nuestro alma. Sublime por la belleza de la bondad —materia inefable de los sueños, desde la nota más nimia— la humilde grandeza de Mozart se manifiesta provocándonos la abstracción absoluta, el olvido: el embellecimiento de Schopenhauer, fundamento transcendental implícito de la belleza.


    La trascendencia es una virtud. La virtud es la disposición que tiene un ser para obrar de forma ideal en la vida. Y, si un ser humano ha gozado de esta prerrogativa en el largo, arduo y tortuoso discurso de la historia —que es prerrogativa humana— ese ser ha sido W. A. Mozart.


    Explicar a Mozart es una aventura arriesgada. Mozart es una sensación como el amor, como la ternura de ese mejor amigo o amiga que hemos soñado y que muchos afortunados tenemos. Yo no entendería la humanidad sin él. Para describir el inefable sentimiento de plenitud que me provoca, tendría que recurrir al refugio de la Sonata en Do mayor (KV330/1), donde Mozart era un niño como yo, un amigo bellísimo y juguetón que salía feliz de la partitura, me tomaba de la mano y me llevaba, bailando, con él. Quizás una de las funciones de la música sea hacer sentir, cuando no llegan las palabras.


    La aproximación de Mozart al pueblo, a la comprensión de sus necesidades, la contribución de su obra en la difusión de la cultura, de la ilustración, de la crítica social y de la libertad, desbarata completamente las caricaturas tópicas y falsarias que le imputan una imagen frívola, intrascendente y trivial. La obra y la vida de Mozart contribuyen, mágicamente, al progreso de la humanidad. La magia es una constante en Mozart y en su vida, como es parte fundamental del bien y de la virtud. En la confrontación entre el bien y el mal que da vida a La flauta mágica, se comprende que el bien no existe, que el mal es el estado natural, que el bien es únicamente la ausencia absoluta del mal.


    Comprensible esta realidad, les invitamos a compartir un propósito emprendido con la humildad que demanda la bondad. Hemos depositado toda la entrega de que somos capaces. Detrás de cada gesto, de cada nota, del más imperceptible movimiento, hay horas y más horas de constancia, de rigor, de exigencia, de soledad, de sacrificio, de trabajo. También días de una gran alegría y de bondad; no somos mercenarios, la música nos ha hecho hermanos. No hay nada fácil aquí, no nos han regalado nada. Estamos aquí porque la bondad ha podido vencer la mezquindad y las ambiciones de algunos pobres seres humanos. La magia de esta Flauta es producto de un gravísimo esfuerzo donde todos nosotros hemos depositado el corazón, porque nos va la vida. Y, porque nos sentimos orgullosos de haber dedicado tanta vida a conseguir este momento, queremos compartirlo todo, humildemente, con ustedes.


    Jaume Villanueva

    Director escénico

  • LA FLAUTA MÁGICA, UNA ÓPERA POPULAR

    La compañía del Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, una historia de La flauta mágica; el porqué de todo ello.


    Aparentemente similar a las zarzuelas y operetas, muy a menudo inclinado hacia la farsa, intercalando piezas cantadas y diálogos hablados, el Singspiel alcanza su máximo esplendor durante los siglos XVIII y XIX, cuando es considerado el género de ópera popular por antonomasia de Austria y Alemania, y su ascendencia entre el público, de toda clase y condición, no tiene rival. Tradicionalmente, el Singspiel incorpora a la trama elementos mágicos o historias populares. Resultado de una ambigua amalgama de diversos cuentos, leyendas y romances que, para confeccionar el libreto, adaptó Emanuel Schikaneder a las heterogéneas características de los artistas que formaban su troupe, Die Zauberflöte, La flauta mágica, es considerada su máximo exponente y, quizás, el ascendiente más directo del teatro musical.


    Como era habitual, casi todos los cantantes, músicos y artistas que intervinieron desde los primeros ensayos en la creación de La flauta mágica, se asocian en filarmónica unión en torno al polifacético autor y barítono Emanuel Schikaneder, empresario del Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena donde se estrena la función. A todos les vincula la sincera veneración que profesan a la innegable grandeza del noble compositor. Todos son amigos, todos se conocen. Se ayudan, mejoran juntos. Prosperan juntos artísticamente. Comparten la pasión por un oficio que es la esencia vital que justifica la entrega de toda una vida. Fruto de este conocimiento mutuamente compartido, de esta gran familiaridad que procura la amistad entre semejantes, Mozart hace brillar, en la partitura, las mejores aptitudes, la virtud y el talento de cada uno de los músicos y cantantes. A su lado, envolviendo la música con la escena, los efectos y el dramatismo y la comicidad, el libretista Schikaneder nutre a los personajes del libreto incorporando las mejores facetas interpretativas, sacando provecho de características físicas y personales de los cantantes; ha decidido explotar al máximo las posibilidades infinitas que ofrece la innovadora tramoya del Freihaus, en las funciones de La flauta. Esta exhibición los hará destacar entre la competencia y atraerá a todo el público que acude a los teatros de Viena. Tiene dos prodigios a su alcance; Mozart y una máquina de teatro que crea milagros; que fabrica, subiendo y bajando telones, prodigiosos trucos de magia inverosímiles que dejarán atónitos a los espectadores en el escenario del Freihaus.


    —Mozart y la magia dejarán al público boquiabierto. —Pensó Schikaneder.


    Y acertó.


    Para estructurar el argumento de La flauta mágica, el libretista se inspira fundamentalmente en un tratado sobre el misterioso Egipto escrito por Ignaz von Born, el masón más destacado de Viena en aquel entonces; para dotar de alma y color las acciones, fusila un recopilatorio de cuentos titulado Dschinnistan que publica el poeta Christoph Martin Wieland en 1786. Principalmente, plagia del cuento Der Korb i Lulu oder die Zauberflöte, que narra la historia del príncipe Lulu que, por encargo de una Hada bondadosa, se embarca en la búsqueda de una bellísima princesa capturada por un vil hechicero. Antes de partir, sin embargo, en despedirlo, la luminosa hada entrega al intrépido joven una flauta mágica que le ayudará a rescatar a la joven doncella. Además de incorporar estos cuentos y leyendas, Schikaneder se inspira en diversos elementos del teatro popular vienés que, en las funciones, incluía magia, humor burdo, misterio, proezas espectaculares y lecciones de moralidad. Por otro lado, la tradición teatral vienesa ayudó a modelar el personaje de Papageno, basado en la típica figura del «Hanswurst»; un nombre que, literalmente traducido del alemán, significa Juan Salchicha y que comúnmente se utiliza para referirse a un pícaro. Decididamente arlequinesco, el personaje caracteriza a un hombre astuto y grosero que genera


     cierta comicidad al dejarse llevar por sus instintos más primarios. La flauta mágica, Die Zauberflöte, se estrena el 30 de septiembre de 1791 en el Freihaus-Theater auf der Wieden: Schikaneder, que interpreta a Papageno, dirige la escena. Mozart conduce la ópera. El éxito es inmediato. Las funciones logran reunir a un público variado, perteneciente a las diversas clases sociales de Viena. La compañía ofrece 20 funciones, solo en el primer mes.


    Mozart enferma el 22 de noviembre y muere el 5 de diciembre de 1791 debido a unas fiebres reumáticas.

Share by: